Gérmenes de Ensueño #1
Desde hace un tiempo escribo un diario de sueños. Este primer post reúne algunos de los sueños que he tenido con mi abuela desde su muerte.
Crecí con mis abuelos como el hijo mejor cuidado. Desde que mi abuela murió, el 11 de marzo de 2023, aparece una y otra vez en mis sueños. Me gusta pensar que ahí todavía podemos encontrarnos.
En este texto reúno fragmentos de mi diario de sueños: escenas nocturnas en las que ella regresa.
Un apartamento
al que se accede
por la puerta secreta
de una fábrica
de tapetes,
guarda secretamente
a mi abuela.
Su casa está
junto a un skatepark
desgastado,
y junto a ella
me espera
el crush de la infancia
para invitarme
a ver televisión
en septiembre.
Una reunión
de negocios
entre cobijas
y en un cuarto
oscuro.
Un sueño
dentro de un sueño
donde ni mi abuela
ni mi amor
mueren jamás.Viajamos
para despedirnos
de nuevo:
parece
que morirá
otra vez
y/o se ha convertido
en mapache.
Da,
por segunda vez,
su último aliento
y todavía no muere;
quizá
está esperando
que pase algo.
Al pasear el perro
vemos a una criatura
que no podemos definir;
salta
desde adentro
de una bolsa
de papel
y luego
por toda la casa.Una visita prenavideña:
nos vemos,
comemos,
bebemos,
reímos
y nos amamos
mucho.
Caminamos
y ambas queremos
conservar este momento
para siempre;
entonces intentamos
tomarnos fotos,
una
para cada una.
Noto
que me parezco
cada vez más
a ella.
Le hablo
de mi veganismo
y ella opina
que es raro,
pero dice
que siempre se sintió triste
de haber comido
vaquitas.
Me ofrece Baileys
en botellas pequeñas,
pequeñas
como su cuerpito.
Ella llora
por la despedida
y yo también:
venimos
del mismo lugar,
compartimos
infinitas vidas.
Me dice
que fue un gusto
haberme conocido
y yo
se lo digo
de vuelta.
Nos damos
un abrazo
largo
y profundo
y caemos
despacio
al suelo
de rodillas.
Un policía
se me acerca
y retira
su cuerpo inerte
del mío,
mientras le suplico
que no lo haga.
La quiero conmigo
un rato más,
pero el tiempo
se ha acabado
y ya es hora
de partir.En La Vega
recibí la ropa
de la Baty,
venía
del hospital
envuelta
en una bolsa
de papel.
Ella
y Gundis,
a mi lado,
sacaban
comida podrida
de mi morral.
Despierto
y, claro,
todo es un sueño,
pero ya no puedo
llamar
y decir:
anoche soñé
que morías.Nelly Beatriz
compra medias veladas
mientras reprime
el dolor
relacionado
con la pérdida
de su hijo mayor.
Estrenamos
un apartamento
y mi tía
tampoco puede
soportar
la tristeza,
así que pide
un tiempo fuera
para reconocer
el sector.
Todos están
demasiado afectados
como para prestar
atención
a mis chistes
de evasión.
Según lo conversado,
parecía
que el finado
era culpable
de homicidio;
es una lástima
no compartir
el dolor familiar
y continuar
la vida
estando alienado.No quiero dejar de soñar con ella.
F. Domingo





