Apuntes sobre las manos
Estas son algunas notas personales sobre el tacto, el performance de los gestos y pequeñas obsesiones con el cuerpo.
Sostengo la taza de café, sin la que no podría estar escribiendo a esta hora. Al dejarla, toco mis palmas con las yemas de los dedos, y se sienten muy suaves. Taco, el gato, se pone entre la computadora y yo, reclamando atención, pidiendo contacto. Siento sus costillas, marcadas por el proceso de una enfermedad intestinal, y recuerdo todas las veces que he abrazado su grácil, y ahora pequeño, cuerpo. Qué pequeño se ha vuelto el gato más grande que he conocido. Qué montón de vida ha pasado desde que nos vimos por primera vez, hace 13 años. Qué cantidad de cosas han tocado mis manos desde entonces.
Recuerdo que, cuando aún no conocía a mi papá, mi mamá me decía que mis pies y mis manos se parecían a las de él. Yo les miraba fijamente e intentaba construir la imagen del hombre a partir de allí, con mi imaginación. Luego, cuando finalmente nos encontramos, él quiso ver mis dedos meñiques. Al verlos, sonrió con certeza. Me contó que, cuando era joven, antes de reproducirse, se fracturó el dedo pequeño de alguna de las dos manos y, desde entonces, sus hijos habían heredado alguna particularidad relacionada con eso. En mi caso, el meñique era ridículamente más pequeño que los demás dedos.
***
Veo videos de beatmaking y de ASMR,
y quedo hipnotizado con el movimiento de las manos.
Lo mismo cuando veo a Žižek hablar. Quisiera elaborar como él;
tener un tic que me hiciera tocarme la cara.
Me pregunto si los pies podrán
emular el movimiento de las manos
para hacer girar la tabla de skate,
y si eso es lo que me hace falta para mejorar. ***
En fin, estos son algunos asuntos personalmente importantes sobre las manos:
Las manos hacen siempre muchas cosas.
¿Los pies siguen a las manos?
Al hablar, ¿las manos sostienen lo que digo?
¿Puedo forzar gestos para pensar más complejo?
Ver manos es una actividad suficiente. Me gusta verlas cuando están
acariciando,
girando knobs,
golpeando pads,
presionando cuerdas,
agarrando envases plásticos,
cubiertas con guantes gruesos.
Al compararlas con las de los demás, las mías me parecen no tan bellas, pero:
se parecen a las de mi papá aunque,
tienen cicatrices nuevas,
ya no tienen las uñas mordidas,
solo las humecto cuando me acuerdo.
Ahora me gusta pensar que son más bien como las de mi mamá.
Tocan y son tocadas, pero no pueden tocarse.
El tacto es el límite entre el cuerpo y el mundo;
también es el umbral entre uno y lo ajeno.
No sé si esta fijación cuenta como un fetiche.
***
F. Domingo




Me dejó pensando, amooooo